miércoles, 30 de mayo de 2012

La mujer que quería ser...

La jornada de hoy me llevó a pensar en los sueños de la otrora niña Luna Arena, y también en la persona que solía ser.
Cuando era una chiquilla, mi abuela cuidaba de mi. No porque mis padres no pudiesen, solo adoraba su compañía y cuando me separaban de ella, lloraba desconsoladamente; optaba por lágrimas para convencer a mi padres de que no me obligasen a separarme de ella.

En el día a día, detestaba cuando mi hermano menor jugaba a sacarme de quicio con sus travesuras. Pasaba horas enteras en frente del televisor, y conocía todos los dramas de las novelas del momento. Soñaba con ser cantante o bailarina, adoraba ver concursos de canto y al ballet de los canales nacionales, que en aquel entonces sus coreografías eran realmente artísticas.  Eventualmente, supe que mi voz no iba a ser lo suficientemente buena para el mundo del arte y el espectáculo.

Cuando la televisión paga llegó a mi vida, adoraba ver las competencias de patinaje sobre hielo. Soñaba con convertirme en la ganadora de esos torneos internacionales, representando la bandera de Venezuela. Pero en mi ciudad no habían pistas de hielo.

Siempre tuve excelentes calificaciones en la escuela, no obstante nunca tuve una aspiración profesional; nunca dije que quería ser bombera, ingeniera, licenciada, carpintera, etc. Quizás porque ninguno de mis padres tenía un título universitario y no entendía que hacían para ganar dinero.

Quería crecer y estudiar en la universidad, aunque no sabía qué. Siempre me gustó estudiar, aunque por mucho tiempo pensé que tener buenas calificaciones me hacía estúpida, y me sentía rechazada. La verdad es que durante un par de años, mis compañeros de clase me rechazaban; pero siempre fui fuerte y con el paso de los años algunas de esas personas experimentaron el rechazo en carne propia.

Durante la adolescencia soñaba mucho, soñaba despierta. Y lo que ocupaba mi pensamiento era encontrar a mi príncipe azul. Esa etapa fue dura, no puedo recordar porque mi mamá vivía peleando en la casa, pero yo callaba toda la rabia y quería huir. Mi mayor meta era irme de mi casa; quería estudiar en la universidad y trabajar para abandonar a mi progenitora porque no la soportaba.

En conclusión, pudiese decir que nunca tuve aspiraciones reales; siempre imaginaba a un tercero sacándome de mi miseria personal; sin admitir mi parte de la culpa en las situaciones. Gracias a Dios que eso cambió y soy alguien diferente.

2 comentarios:

Jo dijo...

una vez leí algo quem e impacto mucho por la historia reciente y personal que pasaba...
"siempre puedes ser lo que tu quieras no los que los otros quieran"


al final hay cosas que nos marcan y son inevitables
el paso de tu vid con tu abuela seguro te hace diferente tambien...
y seguramente es el origen de muchas cosas muy buenas

la MaLquEridA dijo...

Al final eres TÚ, dueña de sus errores no de los otros, tú los asumes así como tus triunfos.